Por Adolfo
Miranda Sáenz/ ¡Sí, señor! Un movimiento político que, para conseguir imponer
sus ideas, sus directrices de conducta y obligar a la oposición a seguir sus
dictados, utiliza una dictadura mediática en algunos medios de comunicación,
aunque se ejerce principalmente desde las redes sociales, descalificando,
difamando y poniendo en entredicho cualquier buen nombre y reputación.
Utilizan
lo que debería ser un foro abierto de comunicación, un espacio libre y
democrático, convirtiéndolo en un ámbito hostil, de pre censura y pos censura,
dejándonos con poco espacio para debates de altura, constructivos, con
argumentación lógica.
A las redes sociales accede cualquiera, con mucha,
mediana o poca cultura, y son invadidas por personas a veces con muy pobre e
inapropiado lenguaje, muchos usando identidades falsas.
La dictadura mediática
tiene gente encargada de publicar en las redes sus orientaciones y neutralizar
lo que se les oponga. Quienes desean divulgar sus ideas al público o hacer
propuestas para un debate serio, se exponen a todo tipo de descalificaciones e
insultos del ejército de fanatizados de poca educación al servicio de la
dictadura mediática, que se aprovecha de aquellas personas que de buena fe
siguen sus dictados sin razonar debidamente.
Muchos están siendo víctimas de la
dictadura mediática y actúan bajo su influencia. Algunos creen todo lo que les
dice y otros le temen, actuando o dejando de actuar por temor a los ataques de
esta dictadura. Quienes ejercen la dictadura mediática crean “dogmas” usando
eslóganes que sus activistas mediáticos hacen proliferar en las redes.
Así lo
vienen haciendo desde la crisis iniciada en Abril de 2018, usando sus eslóganes
como principios dogmáticos para manipular a la oposición y apoderarse de la
dirección de la lucha popular.
Han lanzado eslóganes “dogmáticos” que muchos de buena fe
han seguido, como: “¡Nada de partidos políticos!” Pero ellos tienen partido y
lo disfrazan presentándose como representantes de la sociedad civil, como ONG o
como otras diversas organizaciones. Dijeron: “¡Solo auto convocados!”
Pero
ellos son los que realmente convocan. “¡Ninguna bandera más que la azul y
blanco!” Pero ellos tienen su bandera escondida tras la azul y blanco.
Esos
eslóganes suenan bien y lo que dicen no es malo, al contrario, sería excelente
si de verdad se aplicaran. Pero no los crearon con buenas intenciones sino para
excluir a otros en beneficio de ellos. Es una manipulación impuesta mediante la
dictadura mediática que ha estado dirigiendo la lucha popular contra el
gobierno imponiendo sus métodos.
El resultado ha sido fracaso tras fracaso.
Llenaron de ilusiones y expectativas falsas al pueblo, sabiendo que el
resultado sería sangre, cárcel, exilio, dolor y lágrimas.
Cuando los empresarios promovieron el segundo Diálogo
Nacional y hubo pláticas preliminares con el cardenal, el nuncio y el gobierno
para destrabar las cosas que entre ellos y el gobierno trabaron, inundaron las
redes con este eslogan: “No nos representan los curas ni los empresarios”.
¡Claro! Porque ellos no estaban… hasta que usando su dictadura mediática
obligaron a incluirlos. Aunque a ellos, ¡nadie los eligió!
Por consiguiente, ¡a nadie representan! Pero, las buenas
intenciones de los empresarios y opositores de otras ideologías se frustraron de nuevo porque la dictadura mediática
impuso estrategias que condujeron a otro fracaso.
La única solución para Nicaragua son unas elecciones
verdaderamente libres. Cuando se mencionan personas presidenciables
prestigiosas, tratan de que “nadie saque la cabeza” (porque no encuentran quién
de ellos pueda competirles).
Por eso, la dictadura mediática ha decretado que
aspirar a ser candidato es ser aprovechado y estar contra los intereses del
pueblo. ¡Qué antidemocrática imposición! Cuando se habla de unidad, la
dictadura mediática impone quién debe y quién no debe estar en la unidad
opositora, como si no hubiese necesidad urgente de la unidad total, y como si
ellos estuvieran libres de culpa.
Como si ellos fueran opositores “puros” que
no fueron antes dirigentes del partido del actual gobierno, ni nunca —después
de separados— se hubieran aliado de nuevo entre ellos. ¡Sí, lo hicieron!
¡Todos sabemos de quiénes hablamos! ¡Cuidado! Se les ha
permitido —por temor a su dictadura mediática— controlar la lucha opositora.
Estemos claros que aunque hagan más bulla no son la mayoría; existe “la mayoría
silenciosa” que piensa diferente.
No permitamos que impidan, arruinen o
controlen la total unidad opositora (sin excluirlos a ellos pero tampoco a otros). No permitamos que arruinen
la solución electoral con divisionismo; además, la oposición tiene que negociar
unida, con una misma voz, las condiciones electorales con la OEA y con el
gobierno para resolver esta situación pacíficamente con elecciones libres.
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