Por Carlos Sánchez Berzaín / La comunidad y
los organismos internacionales se equivocaron en el reconocimiento de la
realidad objetiva de Bolivia. Muy pocos señalaron la dictadura que se había
establecido y se fortalecía con Evo Morales como jefe. Insistieron en tratar
como democracia a la "dictadura electorera".
Acompañaron la imposición
del dirigente cocalero de presentarse como indígena sin serlo, incitando de
esta forma la lucha de razas que el castrochavismo instauró en Bolivia como principal
eje de confrontación.
La imposición de
la dictadura de Morales en Bolivia fue un proceso de intervención
transnacional, pero las acciones del pueblo boliviano para recuperar su
democracia han sido y son completamente nacionales. Tal vez en esto consista el
éxito y la sorpresa de que Bolivia se esté liberando del castrochavismo y que se
haya roto el eslabón que el eje La Habana-Caracas consideraba el más sólido de
su cadena.
Para entender la
importancia de la caída del dictador Evo Morales y de lo que representa la
perdida de Bolivia para el castrochavismo -ahora reducido a detentar el poder
por la fuerza en Cuba, Venezuela y Nicaragua- debemos recordar que en el plano
militar el dictador Evo Morales impuso la vergonzosa tarea de reivindicar los
crímenes de las guerrillas y su referente el Che Guevara creando en Bolivia la "Escuela Militar Antiimperialista del Alba", humillando a las Fuerzas
Armadas para que sus soldados proclamen "Patria o muerte venceremos",
convirtiendo el transporte aéreo militar en instrumento del narcotráfico y
haciendo del territorio nacional zona de recuperación y protección de
guerrilleros y terroristas.
Pero el rol más
importante para Bolivia en el castrochavismo fue que la convirtieron en un
narcoestado, incorporado al grupo de países controlados por Cuba e integrados
por las dictaduras de Venezuela y Nicaragua. La República de Bolivia que tenía
3.000 hectáreas de cultivos de coca ilegal el año 2003, fue suplantada por el
"Estado Plurinacional" para tener hoy cerca de 80.000 hectáreas de
coca ilegal.
En el contexto de
los "narcoestados castrochavistas" la Bolivia controlada por Evo
Morales es la principal productora y proveedora de coca/cocaína. Esta actividad
ilícita está concentrada en el Chapare, departamento de Cochabamba, donde
Morales instaló el aeropuerto internacional de Chimoré, una fábrica de Urea, comunicaciones
de última tecnología y una política de expansión de la coca ilegal que incluyó
avasallamiento e incendio de áreas indígenas y forestales protegidas.
La investigación
del periodista Leonardo Coutinho sobre el transporte de cocaína en aviones militares
bolivianos de Chimoré a la terminal presidencial de Venezuela, es una de las
múltiples pruebas de que las "federaciones cocaleras" de las que
Morales es jefe vitalicio, son productores de la cocaína con la que el
castrochavismo nutre su red criminal.
Esta es la fuerza
de agresión contra la democracia, con cubanos, venezolanos y miembros de las
FARC. Perdiendo esta zona de libre producción y despacho de droga, las
dictaduras de Cuba y Venezuela están perdiendo la parte más importante del
negocio de cocaína, del que México es participante esencial con sus carteles
Es por eso que el
terrorismo para producir masacres sangrientas impulsadas por Evo Morales desde
México, con apoyo de la Embajada de Cuba en La Paz, acciones terroristas de
cubanos, venezolanos y FARC, con la complicidad de López Obrador y su gobierno
que ignoran las normas de asilo, no son una cuestión política, son la
confrontación del narcotráfico contra la democracia disfrazadas de movilización
popular.
Lo que ahora
pelean Cuba, Venezuela, Nicaragua en Bolivia y secundan los Fernández/Kirchner
desde Argentina, es tratar de evitar que Bolivia luego de retirar el gobierno
dictatorial, le arrebate el poder al narcotráfico disfrazado de política y
restaure la lucha antinarcóticos, restituya la cooperación de la DEA, abra
investigación de fortunas y de lavado de dinero, cumpla leyes y convenios
contra el narcotráfico. El narcotráfico contra la democracia.
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